La fuente histórica ante la que nos encontramos es un decreto, conocido como Decreto de Nueva Planta, promulgado por Felipe V el 29 de junio de 1707, en Madrid. Felipe V, nieto del rey de Francia Luis XIV, inauguró la dinastía de los Borbones en España.
En los Decretos de Nueva Planta se abolieron los fueros e instituciones de los reinos de Aragón y Valencia. Estos pasaron a ser gobernados por leyes castellanas, ya que Felipe V buscaba la unificación legislativa e institucional de sus territorios. Además, la retirada de los privilegios de la Corona de Aragón sirvió como castigo por la traición al monarca que habían cometido sus habitantes.
Felipe de Anjou fue nombrado sucesor por Carlos II, al no tener este ningún heredero. Esto desencadenó una guerra en Europa que enfrentó a Francia y España con Austria, Provincias Unidas, Reino Unido, Prusia, Saboya y Portugal, que eran partidarios de Carlos de Habsburgo. Al mismo tiempo, provocó una guerra civil en España: mientras que Castilla apoyaba a Felipe, Aragón, los condados catalanes y las clases bajas de Valencia apoyaban a Carlos. Esto se debía a que, durante la dinastía de los Austrias, la
Corona de Castilla y la de Aragón, pese a tener un mismo monarca, habían
tenido leyes e instituciones político-administrativas diferentes. Los territorios de la Corona de Aragón deseaban mantener esta situación, cosa imposible en el centralismo absolutista que traería consigo un rey francés. Con la victoria de Felipe y su subida al trono llegó, efectivamente, una serie de reformas encaminadas a implantar una monarquía absoluta y un Estado centralizado, siguiendo el modelo francés. Entre ellas destacaron los Decretos de Nueva Planta, que uniformizaron el sistema de gobierno de toda España, a excepción del País Vasco y Navarra, que conservaron los fueros en recompensa por el apoyo a Felipe V en la Guerra de Sucesión.
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