sábado, 17 de octubre de 2015

Proclama de Murat (Comentario)

La fuente histórica ante la que nos encontramos es una proclama de carácter jurídico-militar que data del 2 de mayo de 1808. Fue promulgada en Madrid por el general Murat, el hombre al mando de las tropas francesas en la ciudad, en respuesta al levantamiento popular contra ellas que se había producido aquel mismo día.

En ella, Murat determinó las medidas represivas a tomar con el pueblo madrileño, a fin de castigar a los amotinados, que fueron fusilados al día siguiente, y de prevenir nuevas insurrecciones.

A principios del XIX, el gobierno de España estaba totalmente en manos de Manuel Godoy, el valido del rey Carlos IV. Godoy había creado una alianza entre España y la Francia de Napoleón, una alianza que ya había resultado en varias ocasiones nefasta para el país (la derrota en la Batalla de Trafalgar). En 1807, Godoy firmó el Tratado de Fontainebleau, que permitía al ejército napoleónico la entrada a España para invadir Portugal. Sin embargo, gran parte del ejército se fue instalando en España en lugar de continuar su paso hasta Portugal. Esto levantó suspicacias entre la población. Cuando la familia Real, convocada por Napoleón, salió de Madrid en dirección a Bayona el 2 de mayo de 1808, la tensión estalló y el pueblo se amotinó contra las tropas francesas de la ciudad.

El levantamiento fue reprimido duramente por las tropas francesas. Los amotinados fueron ejecutados, y se dictaron medidas para controlar a la población madrileña, como la prohibición de llevar armas so pena de muerte. Se prohibieron las reuniones de más de ocho personas y las publicaciones en contra del ejército napoleónico. Así, pretendía evitarse que el pueblo pudiese organizarse y levantarse en armas otra vez. También se buscó sembrar el terror entre la gente ("Art. V. de la Proclama de Murat: Toda casa o aldea donde sea asesinado un francés será incendiada."), pues mantener a la población amedrentada ante posibles represalias haría que fuese ella misma la que delatase a los insurrectos.

Sin embargo, todas estas medidas no resultaron demasiado eficaces para los franceses. Tras el 2 de mayo, la insurrección se extendió por otras muchas ciudades y lugares de España. Se crearon guerrillas para luchar contra el invasor, y juntas locales para organizar el gobierno y la defensa de los lugares en los que se lograba expulsar a las tropas francesas. Éstas no pudieron vencer a la mayor parte de la población organizada en su contra, y fueron expulsadas definitivamente de España en diciembre de 1813.

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